Motes

Generalmente los motes son puestos para ilustrar cierta característica en la persona que los porta, algunas de éstas “etiquetas” son muy perspicaces, la mayoría jocosas y lastimosamente otras, despectivas.  Mencionando el aspecto jocoso, no puedo evitar recordar a Landriscina, un humorista muy apreciado por los argentinos o por quienes tuvimos la bendición de vivir algún tiempo en ese lindo país. Él contaba que los apodos, infaltables en las ciudades del interior, resumían infaliblemente una característica resaltante de los vecinos, a uno por ejemplo le decían; “pan fresco” porque la pobre esposa del susodicho vecino, debía responder a todo aquel que venía a requerirle algún pago, con la famosa frase: “Recién salio”, a otro lo llamaban “cheque cobrado” porque un perro le arrancó el talón. Y así infinidad de motes o apodos que ilustraban peculiaridades tanto físicas, como de personalidad.

Podríamos asegurar, que no hay cultura ni época que escape a ésta costumbre, logramos apreciar circunstancias en la propia Biblia; “hijos del trueno” “dídimo” “el zelote”, etc. 

Viendo la inherente necesidad del ser humano de colocar motes o apodos, no es sorprendente que el mundo nos encasille también bajo ellos, que aunque reducidos en variedad, tienen un profundo significado.   Esto sí que es universal y significativamente visible, que hasta lograríamos hacer una división mundial de la población (exagerando un poco)  Entre los “Aleluyas”, los “Gloria a Dios” y los que no lo son.   Quizás los emisores de esos motes pretenden avergonzar o poner en evidencia cierto comportamiento de los destinatarios, pero muy por el contrario, crean en nosotros los receptores, una agradable sensación, porque, si nos detenemos a dilucidar el significado de estos términos, obtendríamos nada más y nada menos que el de Alegría para el primer mote y la confirmación de la palabra de Dios para el segundo, porque fuimos creados para mostrar la gloria de Dios; Is. 43:7.  Viéndolo desde ésta perspectiva, portemos como estandarte estos “nombres”.  Dignifiquemos estos motes con testimonios de vida.

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