Permiso y Profunda Reflexión sobre los Hijos

Hola, tío… Es sábado, 7 hs., mate con un compañero de tra-vago. He visto que había cometido algún que otro error en la redacción de mi relato acerca de ña Ángela. Tengo que corregir y reemplazar las palabras en portugués… o si quieres hacerlo tú, vale, entonces envíasela a doña Lui para su sitio (do pica pau amarelo), o lo haré yo en cualquier momento.

  Rosana no pudo parir normal, y tuvieron que operarla. La niña nació con 3 k. 600, chupa tanto como llora, dicen. Yo la ví tres horas después del parto y estaba quieta y callada. El alumbramiento fue en el hospital materno-infantil de Roque Alonso, pues Rosana está viviendo en un barrio allí, a unos cinco minutos del hospital, en automóvil.

   Para mí, criar un hijo es tratar de atenuar en él los defectos de carácter y de mentalidad de los padres, la vanagloria, la egolatría, etc. Bienaventurados los padres que en alguna medida logran desempeorar siquiera un poco en sus hijos las porquerías de la carne, y heredarles la riqueza del fruto del Espíritu (amor que sabe respetar, gozo con economía, paz como desafío, paciencia como deber, benignidad en las relaciones, bondad sin sensiblerías, fe aguantadora, mansedumbre sabia y templanza como honor). Porque el mundo, la sociedad, las familias de la tierra están sobrepoblados de creyentes carnales, infatuados, apoyados en su propia prudencia, faltos de temor de Dios, sabios en su propia opinión, tanto que no hace falta uno más de ellos en la iglesia.

   Disculpa el sermón… Hasta la próxima.

Esta entrada fue publicada en (Julio) Flor de Relatos. Guarda el enlace permanente.